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SALTA

Una carta pública enciende un escándalo

Hija de un sacerdote cuestiona públicamente a su padre y al clero local

En las últimas horas se viralizó en las redes sociales la carta de Agustina Gamboa, una joven de 18 años que contradijo a su padre, el sacerdote Carlos Gamboa, que defendió la campaña contra el aborto legal.

El cura Carlos Gamboa
El cura Carlos Gamboa

La carta se viralizó en las redes sociales y expresa lo aiguiente:

“Soy Agustina Gamboa y no me callo más”, comenzó la carta. “Llevo el apellido de mi progenitor, pero originalmente fui anotada en el Registro Civil como Agustina Arias ya que se negaba a reconocerme legalmente negándome también el derecho de todo niño o niña a su identidad. El 16 de agosto del 2002, mediante requerimiento de un abogado pude ser reconocida como consta en la acotación al margen de mi acta de nacimiento. Si bien estoy viva, si fuera por él estaría en completo abandono”, continuó Agustina.

Después contó que siempre supo todo sobre su identidad: quién era y de dónde venía, pero que a medida que fue creciendo, todo ello dejó de alcanzarle y quiso conocer a su progenitor para entender qué sucedía. Ahora, recurre a contar su historia para contradecir los dichos de Gamboa en la entrevista a la que se presentó: “habló de ‘acompañar a la mujer que está en la disyuntiva de continuar o interrumpir un embarazo’, ‘apoyar a los chicxs que están vivxs’, siendo yo su hija, la que pasó por muchas situaciones de abandono porque Carlos Gamboa nunca se preocupó por conocerme”.

Tras insistir, Agustina pudo lograr en su momento diferentes encuentros junto a su progenitor: “Nos veíamos en estaciones de servicio alejadas de toda persona que lo pudiera reconocer. En los encuentros me repetía el discurso de que me amaba, pero no podía ser mi padre, en ese entonces, para una nena de 6 o 7 años era un relato muy confuso ya que yo no contaba con las herramientas emocionales para entender lo que me decía de manera tan contradictoria”, recordó Agustina y agregó que esperaba sus llamados en las fechas importantes, como cumpleaños o las fiestas, pero que los gestos de interés en ella nunca llegaron.

“Nunca hubo iniciativas de su parte, a pesar de que mi madre y mi padre del corazón le ofrecieron muchas opciones para facilitar nuestro vínculo como encontrarnos en otras provincias o pagarle el pasaje hacia Capital Federal, lugar donde vivo para que me viniera a ver. Nunca accedió y con el paso del tiempo, los silencios fueron cada vez más prolongados”, continuó su relato.

Agustina contó que recién en la adolescencia entendió que su padre no la quería y que por ello comenzó a buscar a otros miembros de su familia paterna en las redes sociales. Encontró a muchos Gamboa y hasta conoció a una prima “que junto con sus padres y hermanos me recibieron con alegría”. Sin embargo, explicó que por esto se desató una tormenta de maltratos verbales y psicológicos de parte de su progenitor, a su madre y a ella.

Después relató cómo la familia de Gamboa lo encubrió y lo ayudó, impidiéndole a ella que pudiera conocerlo y alimentar un vínculo que pudiera completar parte de su identidad y de su vida. Incluso Victor Gamboa, el hermano mellizo de su progenitor, tuvo un rol terriblemente violento y destructivo “siendo que en un comienzo parecía una persona confiable y buen padre de familia”, según el relato de Agustina.

“Por intentar lograr un reconocimiento, un espacio, un poco de afecto y de completar mi historia terminé enfrentándome ante la Iglesia Católica salteña que como sabemos, tiene mucho poder y a través de un abogado defendía sus intereses yendo totalmente en contra de mis derechos”, continuó Agustina y agregó: “Por eso, cuando mi progenitor habla de “respetar las dos vidas” debo decir que no respetó la vida de su hija por defender su imagen y sus privilegios económicos. La iglesia encubrió y ayudó a ocultarme, nadie debía enterarse de mi existencia”.

Después, Agustina reconoció que fue víctima de manipulaciones que la afectaron psicológicamente: “el abandono del niñx que sí nació es tan destructivo para la personalidad, que hace que aún hoy siga con dificultades a la hora de vincularme y de conformar mis relaciones personales, a tal punto que llegué a pensar que no merecía ser querida”.

“Carlos Gamboa en la entrevista habla de que la Iglesia debe formar y respetar a las personas pero él nunca lo hizo conmigo, sus acciones afectaron mi forma de ser, la forma en la que me vinculo con las personas y cómo me desarrollo en el plano emocional habiendo vivido tanta manipulación afectiva, habiendo oído tantas palabras vacías que me afectaron para siempre”, continuó Agustina y agregó: “Voy al psicólogo desde que tengo memoria; ¿cómo confiar en lxs demás si no podés confiar en tu padre biológico? Por eso cuando en la entrevista se pronuncia “a favor de las dos vidas” y dice “no lo dañemos más con otro abuso” debo afirmar que el daño que me hizo es irreversible, un daño que también se manifestó en lo relacionado con la cuota alimentaria pues para que cumpliera con su obligación debió celebrarse un convenio privado, en numerosas ocasiones se retrasó en el pago de la cuota y maltrató a mi madre cuando ella le solicitaba lo que me correspondía”.

Sobre el final, Agustina reflexionó: “Carlos Gamboa y la iglesia que representa hablan de “si a la vida”, “si a toda vida” y “toda vida vale” me pregunto ¿que quiere decir con eso? y ¿Por qué él se siente con autoridad moral para decirlo tan livianamente? Imponiendo con ese discurso un pensamiento sobre la sociedad, sabiendo que sus palabras tienen mucho peso, pero sus actos lo contradicen. Debo decir que todo esto me parece una total hipocresía”.

“En contra de la posición de mi padre, mi familia y yo estamos a favor de la Ley de Interrupción Voluntaria del embarazo sin modificaciones porque sabemos que esta ley ayudará a mujeres y cuerpos gestantes que se encuentren en riesgo o deseen decidir sobre su futuro. También consideramos que el abandono es muerte y que el dogma de la Iglesia no debe interponerse en la vida republicana y debe respetar las decisiones de las mujeres”, continuó Agustina.

Luego explicó que para ella la carta fue muy difícil de escribir, que le llevó meses de preparación, de análisis y de remover cuestiones que le dolían y molestaban. Sin embargo, hay algo que tiene claro: “me libere del estigma que me impuso la curia al nacer. Ahora si puedo decir orgullosa que participe de la vigilia en Diputados, que tuve una vida formación ideológica orientada a los derechos de humanos, de las mujeres y sexualidades disidentes y es por ello que hago pública esta carta”.

“Me llamo Agustina María Gamboa Arias y decidí por mis propios medios -y con el apoyo de mi familia – dejar de ser cómplice de la doble moral de la iglesia de la que forma parte Carlos Gamboa, mi padre biológico”, finalizó Agustina.



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